domingo, 4 de enero de 2015

"EL ALMA OBLICUA"





El alma oblicua
La poesía filosófica de Vicente Cervera 




Vicente Cervera Salinas es un poeta contemporáneo español, que siempre ha vivido entre libros. Es catedrático de la Universidad de Murcia, especialista reconocido de la literatura hispanoamericana, realizó su tesis doctoral sobre la poesía de J.L. Borges. Además de haber publicado numerosas monografías, varios estudios comparativos, la edición crítica de una obra del gran humanista dominicano, Pedro Henríquez Ureña, y la del narrador y dramaturgo cubano, Virgilio Piñera también se deben a su labor. Aparte de su actividad filológica, es actor teatral y cantante. Su primer volumen titulado De aurigas inmortales salió a luz en 1993, en el que rinde homenaje a la tradición de la epístola española, cuando se dirige a próceres históricos. La segunda colección es La partitura (2001), que está estructurada en torno a principios de construcción musical, en tanto que revivimos en el alma estados anímicos, mediante temas y contrapuntos melódicos. El alma oblicua (2003) es su tercer tomo, en el que  descifraremos mensajes codificados gracias a claves culturales, filosóficas y estilísticas. Y en el cuarto libro, titulado Escaladas y otros poemas (2011), a partir del poema que da el título de la colección (Escalada”) las categorías del espacio, los campos semánticos de la verticalidad cada vez más se fusionan con las del tiempo, o bien con las innumerables dimensiones del ser.


La poesía de Vicente Cervera es la combinación particular del tono filosófico con tonos personales y cotidianos, en la que los silencios y las pausas se convierten mucho más en los espacios de la reflexión que en lugares tradicionales de las rimas. Son poemas que requieren una lectura profunda, no suponen una recepción ligera. Nos incita a parar, a interiorizar, a adentrar, con cada verso nos invita a emprender un viaje, a atravesar senderos de las tradiciones poéticas hacia las instancias actuales de nuestro mundo contemporáneo. Las cargas semánticas multifacéticas y caleidoscópicas, las sugerencias ontológicas, los fragmentos disimulados de la realidad, pueden ser comprendidos dentro de los marcos de la fenomenología heideggeriana, que se revelan en el proceso cognoscitivo y como resultado del mismo, representan la verdad artística. De acuerdo con el adjetivo del título del volumen El alma oblicua, el yo poético siempre se desvía del camino recto y trillado, unas veces lento y cauteloso, otras veces a una velocidad vertiginosa penetra en los laberintos borgesianos de la existencia y la razón. Gracias a la pluma de András Imreh, la poética de Cervera se ha acercado a la lengua magiar, pues esta vez podemos leer dos poemas del tomo traducidos maravillosamente al húngaro.





En el poema Al que quedó” se trasluce la dicotomía de la presencia y la ausencia, que así tematiza la dualidad de pasado versus futuro. Las metáforas bien conocidas de la piedra” y la canción” ponen en juego el arte cósmico de materialidad y espiritualidad, lo imperecedero y lo fugaz, pasado y futuro, la realidad tocable y grave frente a lo poético aéreo e inabarcable. De tal modo se problematiza el tema de lo fragmentario y la totalidad, así como el del yo sujeto y la otredad.

En la pieza “Yacimientos” se proyectan los temas del autoconocimiento y la autorreflexión, tanto en el nivel visual, puesto que el yo lírico desde una posición vertical se coloca en posición horizontal, como en el nivel ontológico, en el sentido de que el instante se ajusta a la circularidad de lo eterno, cuando el origen se vincula con el término, la vida con la muerte, los secretos con los sueños. Dos maneras de yacer se conectan a través de los encabalgamientos, el descanso agradable de una siesta frente a la inmovilidad infinita e inevitable del cuerpo muerto, rígido, abandonado por el alma.


En los poemas de Vicente Cervera la intensidad rítmica nos eleva a las altitudes metafísicas, donde la creación poética cobra sentido en el proceso cognoscitivo del sujeto. El punto de partida siempre es la observación empírica de un pedazo del universo. La poesía constituye la representación lírica de las metamorfosis constantes del hombre, que por otro lado, supone la necesidad perpetua de cuestionar y reconsiderar los conceptos temporales. Vicente Cervera es discípulo de los grandes poetas hispanoamericanos –Jorge Luis Borges, Vicente Huidobro, José Lezama Lima, Rubén Darío–, y tal vez nos reconduce a todos ellos. Tal como lo expresa él mismo: “Soy la ruta esquiva y sinuosa / en el plano inmaculado. […] Alma / oblicua que ama, al fin, la rectitud.”

    

Gabriella Menczel
Universidad Eötvös Loránd, Budapest


En la foto, Vicente Cervera con Rosa María Sánchez-Cascado Nogales, directora actual del Cervantes de Budapest, tomada el día de su recital el 27 de Septiembre de 2014. 






*Para leer la traducción al húngaro de los poemas de Vicente Cervera de "El alma oblicua" traducidos por András Imreh, pinchad el siguiente enlace.